lunes, 14 de noviembre de 2022

La interpretación de mis sueños

 

    Muy pocas veces recuerdo mis sueños. Sin embargo, en algunas ocasiones, cuando suelo dormir más de lo habitual, sí que los puedo capturar. Si son buenos, como el de la pasada noche, te levantas lamentando que se haya acabado, un poco fastidiado, pero al mismo tiempo con muy buen cuerpo por lo soñado y deseando que la realidad de algún modo extraño se acabe transformando en eso.  En este sueño, tú aparecías enseñándome las estancias de tu casa. Parecía una vivienda urbana, probablemente un piso, pero parecía estar al nivel de la calle. De repente, te apresuraste, pareciese que tuvieses prisa por marchar y quisieses acabar con las tareas mostratorias a la mayor brevedad posible, para pasar a otra cosa de mayor interés. Lo siguiente que recuerdo es que estábamos ya fuera de tu casa y tu padre nos miraba apoyando sus manos sobre una baranda que estaba situada en una pequeña balconada a un metro o metro y medio del umbral de la puerta de la vivienda. Yo le dije adiós y le saludé alzando la mano y él me respondió de la misma manera con una expresión amable en su cara. Su aspecto no había cambiado con respecto a lo que yo recordaba: más bien bajo de estatura, la tez blanca algo pecosa y el pelo rubio blanqueado por las canas y aquel porte de persona buena, tranquila y tímida. Nos fuimos calle arriba caminando juntos, pero sin tocarnos, mirándonos como si nunca lo hubiéramos hecho y hubiéramos descubierto algo en el otro que haría cambiar el rumbo del universo. Estuvimos por sitios, de Coruña me imagino, pero en realidad eso no quedó definido en el sueño, y el sentimiento que yo tenía durante este tiempo que estuvimos juntos era de una inmensa plenitud y de un enorme bienestar que no soy capaz de definir de otra forma más precisa. Después, te tenías que ir, porque tenías que ir a Santiago a hacer un examen y yo quería llevarte en mi coche pero tú declinaste mi oferta aduciendo que no necesitabas que te llevara, pues conocías bien el camino y que podías ir sola. Este es el sueño, que ahora que lo he transformado en palabras no parece mucha cosa, pero que durante el tiempo que transcurrió me pareció que hubiese pasado toda una tarde. Un tarde deliciosa.