lunes, 14 de noviembre de 2022

La interpretación de mis sueños

 

    Muy pocas veces recuerdo mis sueños. Sin embargo, en algunas ocasiones, cuando suelo dormir más de lo habitual, sí que los puedo capturar. Si son buenos, como el de la pasada noche, te levantas lamentando que se haya acabado, un poco fastidiado, pero al mismo tiempo con muy buen cuerpo por lo soñado y deseando que la realidad de algún modo extraño se acabe transformando en eso.  En este sueño, tú aparecías enseñándome las estancias de tu casa. Parecía una vivienda urbana, probablemente un piso, pero parecía estar al nivel de la calle. De repente, te apresuraste, pareciese que tuvieses prisa por marchar y quisieses acabar con las tareas mostratorias a la mayor brevedad posible, para pasar a otra cosa de mayor interés. Lo siguiente que recuerdo es que estábamos ya fuera de tu casa y tu padre nos miraba apoyando sus manos sobre una baranda que estaba situada en una pequeña balconada a un metro o metro y medio del umbral de la puerta de la vivienda. Yo le dije adiós y le saludé alzando la mano y él me respondió de la misma manera con una expresión amable en su cara. Su aspecto no había cambiado con respecto a lo que yo recordaba: más bien bajo de estatura, la tez blanca algo pecosa y el pelo rubio blanqueado por las canas y aquel porte de persona buena, tranquila y tímida. Nos fuimos calle arriba caminando juntos, pero sin tocarnos, mirándonos como si nunca lo hubiéramos hecho y hubiéramos descubierto algo en el otro que haría cambiar el rumbo del universo. Estuvimos por sitios, de Coruña me imagino, pero en realidad eso no quedó definido en el sueño, y el sentimiento que yo tenía durante este tiempo que estuvimos juntos era de una inmensa plenitud y de un enorme bienestar que no soy capaz de definir de otra forma más precisa. Después, te tenías que ir, porque tenías que ir a Santiago a hacer un examen y yo quería llevarte en mi coche pero tú declinaste mi oferta aduciendo que no necesitabas que te llevara, pues conocías bien el camino y que podías ir sola. Este es el sueño, que ahora que lo he transformado en palabras no parece mucha cosa, pero que durante el tiempo que transcurrió me pareció que hubiese pasado toda una tarde. Un tarde deliciosa.

viernes, 8 de junio de 2018

¿Quién se queda cortado en los abanicos?


En ciclismo, cuando el viento sopla con intensidad y entra de costado, los ciclistas se ponen tensos, nerviosos, aferrados con dureza al manillar, todos en alerta con el cuchillo entre los dientes haciendo abanicos con sus cuerpos y sus máquinas para minimizar el riesgo de caída y penetrar mejor el aire. La maniobra es estéticamente preciosa, pero requiere una depurada técnica y a veces, los ciclistas menos hábiles se quedan cortados y después ya no son capaces de engancharse de nuevo al pelotón.

Algo de esto es lo que ha pasado en la carrera política española durante los últimos años. Ha habido unos que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, han sacado rédito a la coyuntura: me refiero, por un lado, a los secesionistas catalanes, que han utilizado con gran maestría la sentencia-retoque del constitucional sobre el Estatut como un arma de reacción desproporcionadamente poderosa, y después, con toda la inestimable ayuda que les ha brindado la retroalimentación de tener al PP en Madrid durante estos años, han conseguido demarrar y conseguir un apoyo popular (impensable) que ni en el mejor de los escenarios posibles habrían soñado diez años atrás. Por otro lado, y a la par, también se escaparon sus antagonistas políticos, los partidos nacionalistas españolistas, a la sazón PP & Ciutatans. Con unas políticas muy irresponsables pero muy efectivas, consiguieron guionizar el discurso político desde el 2004. Como estrategia política era impecable, pero ética y moralmente reprobable: generan confrontación y odio entre Cataluña y el resto de España y luego se invisten como los salvadores de la unidad del imperio español, y al mismo tiempo sacan el foco de atención de la gente honrada de su verdadero talón de Aquiles, que es la putrefacción total del sistema y la corrupción en la que viven instalados y atrapados. Se trataba de sacrificar electoralmente dos regiones, volverse un partido casi marginal en dos puntos tan estratégicos como Cataluña y el País Vasco a cambio de eliminar del tablero a los socialistas en las demás comunidades. Yo creo que les salió bien. El tema catalán ha sido una verdadera mina electoral que el PP ha sabido aprovechar muy bien y gracias a la cual se han mantenido en el poder hasta ahora; a pesar de que para ninguna mente sana era concebible votar a un partido de esas características.  

¿Quiénes se quedaron cortados? Por un parte, se quedó claramente cortado el PE (antiguamente conocido como PSOE, la S y la O las perdieron tiempo ha, aunque yo les propondría una L, es decir: PLE, por lo del liberalismo que practican). Su propuesta federalista al estilo Lluis Companys no es muy del agrado de la mayoría, que los ven tibios, y ya se sabe desde la época de los anfiteatros romanos que la gente quiere carnaza, no medias tintas. Esto, unido al sunami del 2008 que barrió al ínclito Rodríguez Zapatero y a su buen talante, les dejó en tierra de nadie. Desorientados.

Por otra parte, dentro del grupo de rezagados, están los podemistas,  que empezaron muy fuertes pero se cebaron y ahora están sufriendo una pájara. Su modelo se basa en la democracia total, todo se puede votar ¡Consultemos a las bases!. Y eso, en un país como este que está demasiado acostumbrado a no pensar, a que se lo den todo masticado, incluida su propia libertad, pues no acaba de funcionar. Los chicos de la universidad hablan claro, meten el dedo en la llaga, son intelectualmente muy superiores a la mayoría de la fauna política patria, pero probablemente también carecen del pragmatismo que da el tener que levantarse a las seis de la mañana todos los días para ir a trabajar a un trabajo de verdad, a uno de esos que te roba la dignidad y te quita la salud a cambio de que tus hijos puedan tener un humilde plato de comida encima de la mesa. Sus ideas son buenas, pero de buenas que son, asustan a la gente  que precisamente tienen que defender. Este es el problema. No es nuevo. Cuando los intelectuales liberales (esta palabra antes tenía un significado diferente) tras la guerra de  independencia les hablaban a los españoles de a pie de la separación de poderes, o de la declaración de los derechos del hombre, o de las desamortizaciones que querían hacer con el suelo en manos muertas para que los campesinos pudieran explotar sus propias tierras, les miraban mal. No sabían de dónde habían salido aquellos marcianos, ni de dónde habían sacado las marcianadas que decían. Les acabaron llamando afrancesados. Con la carga de desprecio que eso conllevaba. Fue volver Fernando VII del exilio, y al minuto 2 ya se había derogado la constitución. Nadie rechistó.

La gente en el fondo sigue queriendo no complicarse demasiado la vida, no quieren revoluciones. Mientras haya Sálvame Deluxe, el Madrid siga ganando copas de Europa y mientras tengan una buena conexión a internet, todo irá bien. Y si no, Pedro Sánchez lo arreglará.



Crónicas de un país en llamas. Vol I

                Suárez Cancela

sábado, 2 de junio de 2018

La pared

Hay una frase que a modo de lema me ha quedado grabada a fuego en el subconsciente. La leí hace muchos años en la pared del baño de unos barracones que había en el antiguo colegio de la sagrada familia, y que hacían las veces de instituto en los dos primeros años  que estuve en BUP. La frase empezaba con una enorme A mayúscula (pero no como esta) que estaba inscrita dentro de una circunferencia. A continuación de esto rezaba lo siguiente ''cien mil millones de moscas no pueden estar equivocadas: ¡come mierda, idiota!"

miércoles, 25 de abril de 2018

CHIMENEAS



¡Esas chimeneas que me son tan familiares!. Me apenan y al mismo tiempo me hacen pensar si quizás no será ese mi destino algún día. Las veo a diario detrás de mi casa, como un parque de atracciones postindustrial lleno de luces y laberintos, serpentines y tolvas a modo de ejemplo ruin de esta sociedad en la que vivo. Columnas rojiblancas y negras que ascienden sin vértigo hasta un cielo también negro de hollín y niebla marítima. Sus azufrosos venenos se curvan en dolientes trenzas de humo empujadas con celeridad por las llamas de color butano hacia un firmamento enfermo y plomizo, cansado ya de tanto soportarnos.

Y al fondo está el mar, con sus emisarios y sus plantas de tratamiento que vierten sus aguas calientes a un océano cada vez más tibio y ultrajado por nuestro modo de vida salvaje. Esto sí que es salvajismo. Miro a los animales. Ellos no entienden de humos, ni de emisarios, ni de plantas de tratamiento, ni de chimeneas.