viernes, 8 de junio de 2018

¿Quién se queda cortado en los abanicos?


En ciclismo, cuando el viento sopla con intensidad y entra de costado, los ciclistas se ponen tensos, nerviosos, aferrados con dureza al manillar, todos en alerta con el cuchillo entre los dientes haciendo abanicos con sus cuerpos y sus máquinas para minimizar el riesgo de caída y penetrar mejor el aire. La maniobra es estéticamente preciosa, pero requiere una depurada técnica y a veces, los ciclistas menos hábiles se quedan cortados y después ya no son capaces de engancharse de nuevo al pelotón.

Algo de esto es lo que ha pasado en la carrera política española durante los últimos años. Ha habido unos que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, han sacado rédito a la coyuntura: me refiero, por un lado, a los secesionistas catalanes, que han utilizado con gran maestría la sentencia-retoque del constitucional sobre el Estatut como un arma de reacción desproporcionadamente poderosa, y después, con toda la inestimable ayuda que les ha brindado la retroalimentación de tener al PP en Madrid durante estos años, han conseguido demarrar y conseguir un apoyo popular (impensable) que ni en el mejor de los escenarios posibles habrían soñado diez años atrás. Por otro lado, y a la par, también se escaparon sus antagonistas políticos, los partidos nacionalistas españolistas, a la sazón PP & Ciutatans. Con unas políticas muy irresponsables pero muy efectivas, consiguieron guionizar el discurso político desde el 2004. Como estrategia política era impecable, pero ética y moralmente reprobable: generan confrontación y odio entre Cataluña y el resto de España y luego se invisten como los salvadores de la unidad del imperio español, y al mismo tiempo sacan el foco de atención de la gente honrada de su verdadero talón de Aquiles, que es la putrefacción total del sistema y la corrupción en la que viven instalados y atrapados. Se trataba de sacrificar electoralmente dos regiones, volverse un partido casi marginal en dos puntos tan estratégicos como Cataluña y el País Vasco a cambio de eliminar del tablero a los socialistas en las demás comunidades. Yo creo que les salió bien. El tema catalán ha sido una verdadera mina electoral que el PP ha sabido aprovechar muy bien y gracias a la cual se han mantenido en el poder hasta ahora; a pesar de que para ninguna mente sana era concebible votar a un partido de esas características.  

¿Quiénes se quedaron cortados? Por un parte, se quedó claramente cortado el PE (antiguamente conocido como PSOE, la S y la O las perdieron tiempo ha, aunque yo les propondría una L, es decir: PLE, por lo del liberalismo que practican). Su propuesta federalista al estilo Lluis Companys no es muy del agrado de la mayoría, que los ven tibios, y ya se sabe desde la época de los anfiteatros romanos que la gente quiere carnaza, no medias tintas. Esto, unido al sunami del 2008 que barrió al ínclito Rodríguez Zapatero y a su buen talante, les dejó en tierra de nadie. Desorientados.

Por otra parte, dentro del grupo de rezagados, están los podemistas,  que empezaron muy fuertes pero se cebaron y ahora están sufriendo una pájara. Su modelo se basa en la democracia total, todo se puede votar ¡Consultemos a las bases!. Y eso, en un país como este que está demasiado acostumbrado a no pensar, a que se lo den todo masticado, incluida su propia libertad, pues no acaba de funcionar. Los chicos de la universidad hablan claro, meten el dedo en la llaga, son intelectualmente muy superiores a la mayoría de la fauna política patria, pero probablemente también carecen del pragmatismo que da el tener que levantarse a las seis de la mañana todos los días para ir a trabajar a un trabajo de verdad, a uno de esos que te roba la dignidad y te quita la salud a cambio de que tus hijos puedan tener un humilde plato de comida encima de la mesa. Sus ideas son buenas, pero de buenas que son, asustan a la gente  que precisamente tienen que defender. Este es el problema. No es nuevo. Cuando los intelectuales liberales (esta palabra antes tenía un significado diferente) tras la guerra de  independencia les hablaban a los españoles de a pie de la separación de poderes, o de la declaración de los derechos del hombre, o de las desamortizaciones que querían hacer con el suelo en manos muertas para que los campesinos pudieran explotar sus propias tierras, les miraban mal. No sabían de dónde habían salido aquellos marcianos, ni de dónde habían sacado las marcianadas que decían. Les acabaron llamando afrancesados. Con la carga de desprecio que eso conllevaba. Fue volver Fernando VII del exilio, y al minuto 2 ya se había derogado la constitución. Nadie rechistó.

La gente en el fondo sigue queriendo no complicarse demasiado la vida, no quieren revoluciones. Mientras haya Sálvame Deluxe, el Madrid siga ganando copas de Europa y mientras tengan una buena conexión a internet, todo irá bien. Y si no, Pedro Sánchez lo arreglará.



Crónicas de un país en llamas. Vol I

                Suárez Cancela

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